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IMPULSOS PARA LA CUARESMA DEL OBISPO BÄTZING. Primero

Ser todo oídos para Dios

Nuestra vida, copada y llena de preocupaciones, generalmente está rodeada de tanto ruido interno y externo, que en realidad es muy difícil oír a nuestro Dios cuando nos habla. Siempre nos habla. Rara vez lo escuchamos. Si poco a poco aprendemos a oírlo, nuestra vida se vuelve obediente. Es necesaria la disciplina espiritual para que nuestra vida llena de ruidosas preocupaciones se convierta en una vida donde podamos escuchar a nuestro Dios y confiarnos a su guía. En esto consiste lo propio de la oración: ser todo oídos para Dios. (82) ¿Cómo podemos oír su voz en un mundo que lo pone todo en distraernos y en desviar nuestra atención a cosas aparentemente urgentes?

Primero: Escucha ante todo a la Iglesia. Sé que es un consejo de mala opinión - en una época y en un país en los que la Iglesia está expuesta a una verdadera tormenta de críticas y en que muchas personas sienten que la Iglesia es más 'tropiezo' en el camino que 'el camino' hacia Jesús. No obstante estoy convencido de que el mayor peligro espiritual de nuestro tiempo está en la separación de Jesús y de la Iglesia. Ella es el cuerpo del Señor. Sin Jesucristo no puede haber Iglesia, y sin la Iglesia no podemos estar unidos a Jesucristo. Todavía no me he encontrado con nadie que esté más cerca de Jesucristo por haber abandonado la Iglesia. Escuchar a la Iglesia significa escuchar al Señor de la Iglesia. Concretamente: participar en la vida litúrgica de la Iglesia, Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, Ascensión, Pentecostés y las semanas que siguen. Estas fiestas y tiempos contribuyen a conocer mejor a Jesús. Te unen más íntimamente a la vida divina que Jesús te ofrece en la Iglesia. La eucaristía es el corazón de la vida de la Iglesia, donde escuchas la buena nueva que da la vida, el evangelio, y ahí recibes los dones que mantienen en ti esa vida. La mayor seguridad de que siempre escuchas a la Iglesia es que participas regularmente en la celebración de la eucaristía.

Segundo: Escucha el libro. Quiero decir, lee la Biblia, lee libros sobre la Biblia, sobre la vida espiritual y sobre la vida de 'grandes' santos. Muchas personas encuentran a Dios mediante libros de espiritualidad que cogen en la mano causal o conscientemente. San Agustín, Ignacio de Loyola, Tomas Merton y muchos otros se convirtieron por un libro. La cosa es no sólo leer un libro de espiritualidad como fuente interesante de información, sino 'escuchar' el texto, como si fuera una voz que se dirige a ti personalmente. No es fácil leer oyendo. Tu ansia de saber a veces te dará un chasco. Pero aprenderás mucho más si te sigues esforzando en oír la palabra, que quiere entrar en tu corazón.

Para escuchar activamente a Dios cada día tienes que mantener libre determinado tiempo, aunque sólo sean diez minutos. Cada día diez minutos para Jesús: esto puede cambiar tu vida cabalmente. (88-89)

No es un ejercicio de silencio, como se practica en cursos de meditación. Más bien recomendaciones claras: participar en la misa y tomarse cada día diez minutos para leer la Sagrada Escritura. Así es cuando se quiere aprender un arte. Se comienza con ejercicios regulares fáciles. También lo recomiendan orantes experimentados, como Dietrich Bonhoeffer (1906-1945), que estaba convencido de que se debe comenzar a orar pronunciando la misma palabra de Dios. No en el lenguaje confuso de nuestro corazón, sino que Dios nos quiere escuchar en el lenguaje claro en que nos ha hablado por Jesucristo. Quien quiere orar con alegría se atiene a la palabra de la Biblia. En cada edición de nuestro periódico "Der Sonntag" se encuentran las tres lecturas de la misa dominical. Algunos se preparan de esa forma para la misa. La celebración de la eucaristía también puede "resonar" durante la semana escogiendo uno de los textos y volviéndolo a leer: despacio y en voz alta. Intente después escuchar atentamente, por un par de minutos, la palabra de Dios. Él siempre habla a su corazón. Oírlo significa orar intensamente.

Nota: Las secciones entre comillas han sido tomadas de Henri J. M. Nouwen, Dem vertrauen, der mich hält. Das Gebet ins Leben nehmen, Ed., Wendy Wilson Greer, Herder, Freiburg 3a. edición, 2007. Los números entre paréntesis aluden a las páginas de ese libro.

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