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IMPULSOS PARA LA CUARESMA DEL OBISPO BÄTZING. Segundo

Diez minutos diarios

Un buen maestro conoce los inconvenientes que surgen al aprender un oficio. Sabe: quien comienza a practicar debe contar con viento contrario. Tiene que superar influjos externos, pero ante todo superar los de él mismo. Pues la voz interna de la razón le susurra: desperdicias tu tiempo; no lo aprenderás nunca; muchas cosas importantes te esperan. En los párrafos siguientes Henri Nouwen muestra ser un maestro experimentado de espiritualidad.

"El comienzo en la vida espiritual muchas veces es difícil, debido a que es muy fuerte todo cuanto nos frena con continuas preocupaciones; y debido a que somos incapaces de percibir la presencia del Espíritu de Dios en nosotros. Si perseveramos en nuestros ejercicios, se hace entonces sentir en nosotros un hambre nueva. Esta es la primera señal de la presencia de Dios. (94)

En una sociedad que parece estar completamente dada a lo urgente y lo inaplazable, la oración da la impresión de ser una forma de comportamiento desacostumbrado. Sin darnos del todo cuenta nos hemos hecho a la idea de que poner manos a la obra es más importante que orar. Y así consideramos el orar como algo de lo cual podemos ocuparnos cuando no hay nada más importante qué hacer. Pero la oración es, desde muchos puntos de vista, el rasgo esencial de una vida cristiana. Exige que nos presentemos ante Dios con manos abiertas, desnudos y vulnerables, y que reconozcamos ante nosotros mismos y ante los demás, que sin Dios no podemos hacer nada. (95) Como discípulos encontramos en Dios no sólo algo sino toda la fuerza, la esperanza, todo el valor y toda la confianza. Por eso la oración debe ser nuestra primera preocupación. (96) Orar exige orden, disciplina. Tenemos que llegar a ella diciendo: en este momento estoy con Dios, sea a tiempo o a destiempo, sea que me venga bien o no, sea que me nazca o que no me nazca. Es muy interesante que las personas que al orar mantienen una regularidad, aunque quizás sean diez minutos diarios, no desean renunciar ello, incluso aunque - a primera vista - no 'aporte' mucho. Durante esos diez minutos estas personas pueden estar muy dispersas, pero perseveran. Dicen: 'En un nivel algo más profundo que mi pensamiento sucede algo. Cuando rezo no tengo que tener ni grandes pensamientos ni grandes sentimientos, pues Dios es mayor que mi corazón y que mi razón. (97)

Un método sencillo y sugerente de orar consiste en aprender de memoria. La expresión inglesa 'to know by heart' (aprender de memoria) aclara ya su valor. (106) Si puedes rezar de memoria el padrenuestro, el credo o el gloria, ya posees algo con lo que puedes empezar. También podrías aprender de memoria el salmo 23 'El Señor es mi pastor', o el 'Himno al amor' de la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios (cfr. cap. 13); igualmente la oración atribuida a san Francisco 'Señor, hazme instrumento de tu paz'. Siempre y en todo lugar puedes reflexionar despacio, palabra por palabra, sobre una de estas oraciones, tratando simplemente de escuchar con todo su ser lo que estas palabras significan. Tus preocupaciones constantemente te distraerán. Pero si una y otra vez vuelves a las palabras de la oración, entonces poco a poco comprobarás una facilidad y realmente comenzarás a orar con alegría. Y en cuanto la oración baja de tu entendimiento al centro de tu ser, descubrirás su fuerza sanante." (116)

El aprender de memoria goza de poca estima en la escuela moderna - también en la escuela de oración. ¿No es señal de progreso en la vida espiritual que se pueda orar libremente con propias palabras? Da bastante independencia de lugar, del tiempo y del ánimo personal, que lleve conmigo a todas partes un "tesoro" de oraciones inapreciables. Quien ha visto cómo de repente se mueven los labios de un enfermo grave cuando se cantan cantos y se pronuncian oraciones, que a uno le son familiares desde la niñez, ya no duda del sentido que tiene aprender de memoria. ¿En qué oraciones se le abre el corazón? ¿Cuáles le son muy valiosas? ¿Se las sabe de memoria? La escritora Luise Rinser (1911-2002) le restaba importancia al reproche de orar de forma mecánica siempre los mismos textos con estas palabras: Si quiere decirle a un ser querido que lo ama, lo cual él sabe desde hace mucho, se lo puede repetir muchas veces en momentos especiales: te amo, te amo, te amo ... Usted no lo piensa, usted siente, y repetiendo la palabra que evoca el amor desplaza todos los otros contenidos del alma, sólo queda el amor.

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