Charlas, jornadas, actividades formativas, discusiones de actualidad, explicaciones.

IMPULSOS PARA LA CUARESMA DEL OBISPO BÄTZING. Tercero

Reconocer a Cristo

Cuando oramos no hablamos a una oscuridad incierta. Es cierto lo que dice al comienzo del evangelio de Juan, de que nadie ha visto a Dios (cfr. Jn 1,18). Por eso las personas orantes se acercan a Dios con toda la debida reverencia, pues él es no cosa disponible. Pero en la historia de su pueblo se ha dado a conocer. Central para la fe cristiana es confiar en que Dios nos quiere salvar, es decir, darnos libertad, sentido, saber que tenemos una meta última y la esperanza en el buen desenlace de nuestra vida. En el fondo "salvación" no quiere decir sino una existencia plena en comunión de vida con el Padre que nos ama. Nos lo atestiguó Jesús con sus palabras y obras. Quién es Dios y cómo es su solicitud con nosotros, esto lo podemos leer en Jesús, pues él es "imagen de Dios invisible" (Col 1,15). Fijarse en él significa ver a Dios. Considerar el camino de vida de Jesús significa conocer el compromiso de Dios por nosotros los hombres. La oración cristiana vuelve su mirada a Jesús.

"La oración contemplativa es una oración en la que contemplamos atentamente a Dios. ¿Cómo puede ser posible si nadie ha visto a Dios? El misterio de la encarnación de Cristo consiste en que fue posible ver a Dios en Jesucristo y por medio de él. Cristo es imagen de Dios. En él y por él sabemos que Dios nos ama, a quien podemos ver contemplando a su Hijo. Todas las imágenes conscientes o inconscientes que nos hacemos de él tendrían que estar dirigidas a él, que es la única imagen de Dios. Considerando a Cristo con entrañable atención experimentamos de corazón y con sentido lo que significa que él sea el camino al Padre. Jesús es el único que ha visto al Padre. Jesús dice: "Nadie ha visto al Padre fuera de aquél que viene Dios (Jn 6,46).
Toda la existencia de Jesús es contemplar siempre al Padre. La vida y la obra de Jesús son una contemplación ininterrumpida de su Padre. Por eso para nosotros contemplación significa concebir clara y paulatinamente a Jesús, de manera que podamos ver en él, por él, con él y en su presencia al Padre. (117-118)
En dos ocasiones invitó Jesús a sus amigos más íntimos, Pedro, Juan y Santiago, a orar con él muy personalmente. La primera vez los llevó a la cima del monte Tabor. Allí vieron su rostro luminoso como el sol y sus vestidos resplandecientes de blanco como la luz (Mt 7,2). La segunda vez los llevó consigo al huerto de Getsemaní, donde vieron su rostro lleno de miedo y sudor como gotas de sangre que caían al suelo (Lc 22,44).
La oración de nuestro corazón nos lleva tanto al Tabor como también a Getsemaní. Cuando hemos visto a Dios en su gloria también lo vemos en su miseria, y cuando hemos sentido el espanto de su abajamiento, también experimentaremos la belleza de su transfiguración." (126-127)
Cada uno tiene una imágen de Jesús. Nos las hemos acuñado oyendo el evangelio o por representaciones del arte. ¿Qué figura reconoce usted al pensar en Jesús? ¿Cómo es su rostro? Vale la pena darme cuenta de la imagen que tengo de Jesús, ya que caracteriza mi fe y pone a Dios delante de mí.
Pero no debemos quedarnos ahí, pues tan fácilmente no logramos la imagen definitiva de Jesús. Cada vez se abren nuevas facetas de su rica imagen a quienes permiten que el mensaje bíblico cale en ellos. Que se nos presente en cuatro evangelios - o sea, en una multiplicidad de perspectivas - tiene un sentido bastante profundo. A mí personalmente el impresionante autotestimonio del apóstol Pablo en la Carta a los Filipenses me anima a conocer a Jesús de forma cada vez nueva y distinta. Pablo describe lo que lo mueve internamente, después que el resucitado se le interpusiera en el camino antes de Damasco cambiando su vida: "Quiero conocer a Cristo, sentir el poder de su resurrección y participar en sus padecimientos, asemejándome a él en su muerte, y tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos. No es que lo dé ya por conseguido o que crea que ya soy perfecto; más bien continúo mi carrera por ver si puedo alcanzarlo, como Cristo me alcanzó a mí." (Fil 3,10-12).
Tampoco se trata de conocer "mejor" a Jesús y de saber "más" de él externamente. Esto no sirve de mucho en el camino de la fe. Quien en la oración considera a Jesucristo como imagen de Dios en el mundo, se afana por una transformación interna. El jesuita Pierre Olivaint (1816-1871) escribió una oración al respecto - usted la encuentra en libro de oraciones nr. 6,5: "Crece, Jesús, crece en mí, en mi espíritu, en mi corazón, en mi imaginación, en mis sentidos. Crece en mi en tu mansedumbre, en tu pureza, en tu humildad, tu celo, tu amor. Crece en mi en tu gracia, tu luz y tu paz. Crece en mi para gloria de tu Padre, para mayor honra de Dios."

COMUNIDAD CATÓLICA DE LENGUA ESPAÑOLA · Thüringer Str. 35 · 60316 Frankfurt · correo(at)misionfrankfurt.de · @ en lugar de (at)