El camino de Santiago incluye cada paso del recorrido con sus pausas, con las sorpresas inesperadas tras cada recoveco, las sonrisas y la alegría compartida… y también los tropiezos, el cansancio al final de cada jornada, la nostalgia por quienes se quedaron en casa, las pequeñas frustraciones ante la limitación de las comodidades habituales, y el deseo de por fin detenernos para descansar en el que viene a ser un hogar temporal y, sin embargo, tan bienvenido. Con todo, lo más importante del camino es la presencia de Dios que camina junto a cada peregrino; lo reconocemos con frecuencia en las palabras del hermano a nuestro lado, pero también en las frases de las reflexiones que acompañan las visitas a las iglesias en nuestro itinerario, en la letra de las canciones, en el canto de las aves, en la belleza del paisaje, en el silencio que nos habla directo al corazón, e incluso en el dolor muscular o en las pequeñas heridas que no faltan, y que nos recuerdan que también nosotros compartimos la cruz de Cristo. Dios está a nuestro lado, y el camino nos ayuda a tomar consciencia de ello. Nos da esperanza. Nos afianza en el seguimiento. Nos unifica como hermanos y compañeros de recorrido.
Tales han sido las conclusiones del tramo caminado el 6 y 7 de septiembre de 2025.
Damos gracias a Dios por esta nueva oportunidad que nos ha regalado, y desde ya nos preparamos para dar el salto a Compostela al final del verano de 2026.
