Saludos desde Colombia …

Queridos Hermanos,

Afectuoso saludo.

Les escribo desde las hermosas montañas del oriente antioqueño, sintiéndolos todavía muy cerca de mi corazón a pesar del inmenso mar que nos separa. La alegría del regreso tan anhelado por casi cuatro meses para reencontrarme con mi familia y mi comunidad Diocesana, no esconde la nostalgia de haber partido de otra comunidad de fe que se convirtió en mi familia durante esta pandemia.

Gracias por su cariño, amistad y testimonio de fe como comunidad católica. Gracias por darme la oportunidad de servirles como Diacono y así prepararme para el ministerio sacerdotal. Han dejado una huella muy valiosa en mi corazón que me mueve a darle gracias a Dios por haberme tenido que quedar más tiempo en Frankfurt, porque eso me permitió conocerlos un poquito más y dejarme misericordiar por Dios a través de ustedes.

En esta pandemia he aprendido con ustedes que no es tan malo que a última hora se nos cambien los planes, porque a veces es bueno perderse un poquito para encontrarse, llorar un poco para recobrar la alegría y renunciar a nuestros proyectos para que Dios nos sorprenda con regalos y proyectos más grandes.

Ustedes fueron ese regalo más grande que Dios me tenía preparado y que le dio un sentido más profundo a la crisis que tuve que enfrentar durante los cuatro meses de espera para poder regresar a mi país.

Dios los guarde unidos y les conceda seguir avanzando hacia la santidad que celebramos este Domingo en todos aquellos hermanos que nos están esperando en el cielo, para gozar eternamente de la Gloria de Dios.

Un abrazo y cuenten siempre con mis oraciones,

Gabriel Jaramillo.