La fiesta tuvo lugar el sábado 23 de mayo a las 18:00 horas, en la catedral de Frankfurt. Como cada año, fue una vivencia real del misterio de Pentecostés: cada parte de la liturgia estuvo a cargo de una comunidad diferente, de manera que hubo cantos y lecturas en muchos idiomas diferentes y, sin embargo, un mismo rito y un mismo sentido litúrgico. Igual que en el Pentecostés original, cada uno de nosotros pudo escuchar hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua, lo cual es un privilegio propio de la Santa Iglesia Catolica que, independientemente del idioma, celebra la santa misa de la misma manera en todo el mundo.
Esperamos con ahnelo el siguiente pentecostés, para volver a alabar a Dios y contar sus maravillas cada uno en su propia lengua, reunidos en el mismo lugar junto con María.
¿YA SABES QUÉ ES «PENTECOSTÉS»?
Se trata de la fiesta en la que celebramos la venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia. Originalmente es una fiesta judía que tiene lugar exactamente 50 días después de la pascua. La biblia nos cuenta que en aquel Pentecostés posterior a la ascensión del Señor, los discípulos estaban con María, reunidos en oración, cuando se escuchó un estruendo como de tormenta y vinieron sobre ellos algo comparable a llamaradas o lenguas de fuego, y entonces empezaron a anunciar el evangelio en otras lenguas (Hch 2, 1-8).
Este evento es el claro cumplimiento de la promesa de Jesús, que había anunciado a sus discípulos que les enviaría un Consolador, un Paráclito, que les revelaría todo cuanto todavía no entendían y les daría lo que necesitarían para llevar a cabo su Misión. ¡Esa promesa era para ellos, y también para ti y para mí!
Hasta ese día los discípulos de Jesús habían estado reuniéndose en secreto, siempre escondidos por miedo a los judíos que habían crucificado a Jesús y que ahora los buscaban a ellos. También nosotros podemos tener miedo hoy, aunque no por las mismas razones; a nosotros no nos persiguen para apresarnos -aunque en muchos lugares del mundo esto sigue ocurriendo-, pero también nosotros enfrentamos dificultades a la hora de hablar de Jesús: bullyng, rechazo, críticas, incluso odio y exclusión. Y no solo al hablar de Jesús; también experimentamos miedo y debilidad en nuestra vida personal, a la hora de tomar las decisiones necesarias para actuar como Dios espera de nosotros.
El día de Pentecostés los discípulos recibieron el Espíritu Santo, y obtuvieron los dones que necesitaban para vencer el miedo y levantar la voz. Sabían que los peligros y riesgos seguían ahí, pero ya no dudaron en defender la Verdad que habían conocido y comprendido, y dieron a conocer el mensaje de salvación que ha llegado hasta nosotros. Por eso vale la pena celebrar esta fiesta, y seguir pidiendo a Dios que también a nosotros nos bendiga con los dones del Espíritu Santo: fortaleza, piedad, sabiduría, entendimiento, ciencia, consejo y temor de Dios. Con ellos, y con los frutos de una vida en el Espíritu, podemos hacer realidad el plan de Dios para cada uno de nosotros y para toda la creación.
Si quieres saber más sobre el Espíritu Santo y la fiesta de pentecostés, no dudes en preguntar al padre Gerardo y/o a las trabajadoras pastorales (Birgit y Viviana).
