Durante la semana santa los cristianos católicos contemplamos y actualizamos el acontecimiento más determinante de nuestra historia: el acto de entrega total y absoluta de Dios, que habiéndose hecho hombre por amor a nosotros, elige además tomar sobre sí el peso de todas nuestras culpas y dolores, y muere en una cruz para sellar con su sangre una alianza eterna con cada uno de nosotros: una alianza mediante la cual no solo Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, sino que además nos garantiza una vida nueva, que no termina con la muerte, sino que continúa más allá de los límites humanos.
Este acto de amor nos devuelve la esperanza, y nos da una nueva comprensión de la realidad. De eso se trata la semana santa: de vivir con Jesús paso a paso todo lo que Él vive; caminar tras sus huellas; observar sus actos, escuchar sus palabras, entrar en su corazón para comprender el por qué de sus decisiones. Llorar con María junto a la cruz el viernes santo, y alegrarnos con la creación el sábado durante la solemne vigilia pascual. La semana santa es vida nueva. Es amor infinito y perpetuo. ¡Vivámoslo juntos: nos puede cambiar la vida!
